Inundación: Una palabra frente a lo real

Inundación: Una palabra frente a lo real

El siglo XXI ha dado pruebas de las contingencias climáticas que afectan nuestra vida cotidiana un poco al azar y obligan a reconfiguraciones de los puntos de orientación. Bahía Blanca no fue ajeno a ello en marzo 2025 por una fuerte inundación que afectó a esta ciudad, a Ingeniero White y a General Cerri. Dos dispositivos fueron creados de inmediato como respuesta a esta catástrofe natural que operaron en Ingeniero White y en General Cerri en los que se incluyeron colegas de la Antena de la EOL Bahía Blanca. Para retomar su trabajo quisiera partir de algunas observaciones preliminares.

En su curso El lugar y el lazo Jacques-Alain Miller comenta un dispositivo creado en la región parisina de atención médico-psicológica móvil para atender a las urgencias, ellos van a los lugares en que suceden las cosas.

Miller plantea que el accidente, en este caso la inundación, es un acontecimiento imprevisto, contingente, que produce en los sujetos un efecto de sorpresa. Esto hace que en el mundo contemporáneo se extienda el concepto de víctima: no es ya solo somática sino también psíquica, como ya lo situara Freud en las neurosis de guerra. Se añade entonces a los afectados en sus cuerpos aquellos que fueron lesionados en su realidad psíquica. Estos dispositivos que comenta en su curso, hacen que la palabra sea movilizada frente a lo imprevisto. Sin duda eso existía ya frente a las neurosis de guerra, pero señala que lo nuevo es que quede a cargo de la administración pública, y que la escucha quede organizada a modo de urgencia, incluyendo también algunos servicios de psiquiatría.

De manera esencial Miller señala la “falla en el lazo social” que hace que la palabra común tomada en la intersubjetividad no alcance frente a lo insoportable acaecido. Dentro de las urgencias funciona la prisa para evitar la cristalización del trauma y su implicación en el síntoma. Nombra entonces al dispositivo creado como una “prevención” que en caso de una catástrofe “ofrece un oyente especializado llamado a suscitar y a organizar una palabra dadora de sentido”, y subraya que sin duda es de inspiración psicoanalítica. Se espera que esta palabra produzca una asimilación de lo real y tenga una función de homeostasis. Pero este “cataplasma de sentido” no debe confundirse con el psicoanálisis en la medida en que va hacia el sinsentido.

En una entrevista a Xavier Emmanuelli, responsable de la acción humanitaria de urgencia y Secretario de Estado de Francia, publicada en la revista de La cause freudienne, retoma estas experiencias frente a las catástrofes o los accidentes y subraya que frente al evento traumático el tiempo desaparece y los sujetos quedan confrontados al vacío y a un agujero. El tiempo se detiene y las personas involucradas quedan paralizadas frente a una situación que se repite. El recurso a la palabra, en este contexto, apunta a una reorganización subjetiva.

Nada de esto cambiará lo que efectivamente sucedió, tampoco será olvidado, pero subraya que permite restablecer un lazo. Este es el punto que me parece esencial. De alguna manera el sujeto vacila en su inclusión en el lazo social, se produce un quiebre ante lo real, en un especie de atravesamiento de las realidades imaginarias que forman parte de su vida. El uso de la palabra busca extraerlo de la perplejidad inicial, que puede volverse una experiencia de angustia.

Mariana se pregunta en su presentación qué fue la inundación para cada uno. Podría parecer extraño semejante interrogante pero da cuenta que incluso un fenómeno colectivo comporta respuestas singulares. Propuse como título de esta noche “Subjetivar la inundación”, en la medida en que este mismo trabajo de reflexión de esta noche sobre el trabajo realizado comporta un tiempo de subjetivación.

Tenemos entonces un texto que funciona como una puntuación de los distintos trabajos realizados divididos por items. Las respuestas no son homogéneas, pero permiten aprehender un abanico de situaciones con las que tuvieron que confrontarse.

En primer lugar presenta una serie de casos con la pregunta de si se trataba de evacuados o de refugiados. Pregunta pertinente por personas que ya vivían en la intemperie o que quedaron desalojados de sus viviendas por distintas razones. Aquél que no puede volver a su casa porque su madre ya no está. El paciente psicótico que ya concurrió antes a un centro de salud ante sus alucinaciones. El que teme recaer en su adicción si vuelve a su hogar.

En esta serie cabe destacar el caso de una mujer que pierde a su hija un mes antes de la inundación por una anemia avanzada sin que nadie pueda explicarlo. “Todo sucedió demasiado rápido”, relata. Cuando le proponen volver a su casa ella lo rechaza, no quiere que la apuren. Ante el duelo truncado por la inundación exige más tiempo. Tiempo que no dispuso ante la muerte demasiado rápido de la hija y un duelo que queda a la espera. Vemos así que en algunos casos las catástrofes colectivas se entrelazan con pérdidas singulares.

Un rescatista da cuenta de la vuelta en la banda de Moebius cuando también él es el rescatado ante la inundación de su casa: volvió a su casa y encontró la planta baja arrasada por el agua. Tras un momento de vacilación subjetiva recompone la organización de su mundo con el abrazo contingente que se “da en el fuego” de una pareja que solicita comida. Este hombre sin duda cuenta con los recursos subjetivos para hacer frente a una situación que podría también haberlo dejado a él caído de la escena del mundo.

Y para finalizar este secuencia, está la joven de 18 años a cargo de sus pequeños hermanos que decide volver a su casa destruida, la nueva casa que se le propone la confronta a un vacío, vacío seguramente con el que convive en su singular existencia sin la ayuda de sus padres. Decide retomar su situación inicial que ordena su existencia.

Una segunda secuencia trata directamente las situaciones traumáticas. Un hombre logra salvar la vida de su madre y la de su pareja, adultos mayores, que se encontraban con el agua hasta la cintura. Pero en su relato hay un agujero que se repite: ¿les preguntó si estaban bien?, se pregunta con insistencia. En otro caso un hombre salva a su familia cuando el agua comienza a subir, pero el pensamiento que insiste con angustia es que pensó que tal vez no pudieran salir de ahí. La tercera persona recuerda con insistencia cuando se estaban ahogando, “pensé que no salía”, hasta que su nieto la ayuda a salir flotando.

En los tres casos se trata de la confrontación directa con la muerte durante la inundación. Bajo distintas modalidades el real se plasma en alguna frase que revela su estado de perplejidad y el temor a la muerte, propia, de otros. Todos ellos quedan sumergidos en pensamientos que se repiten en bucle constituyendo lo que Freud llamó las neurosis traumáticas. Lo que resta del riesgo de vida se vuelve el trauma psíquico en la medida en que la muerte se vuelve un peligro real y el sujeto experimenta un profundo desamparo. En estos casos no hay ninguna subjetivación de la inundación sino más bien se ha podido localizar la manera en que los sujetos inscriben ese encuentro traumático, a la espera que alguna experiencia analítica les permita salir de su angustia y retomar el hilo de su existencia.

La tercera secuencia corresponde cómo armaron un dispositivo grupal para trabajar con los niños a través de una propuesta en común. Todos estos niños se encontraban un poco como satélites de padres que buscaban alguna solución ante la situación en que se encontraban. Resulta interesante que sean ellos los que más abiertamente logran hablar de la inundación. Un niño que se encontraba inhibido, gracias a la intervención de un analista, logra nombrar el camión como posible dibujo, significante que representa al padre camionero. Otro niño pinta el barro de blanco junto a una ventana para poder ver. El barro es lo que queda de la inundación y se vuelve un significante que también nombra a la catástrofe. Una niña dibuja un ropero con puertas que pueden abrirse y cerrarse, ante la propuesta de abrirlo, ella contesta que está vacío, que ahí no hay nada. Nombra así aquello que ya no está, lo que perdió, luego de decir con alegría la remera que sí pudo recuperar.

Cada uno de estos niños relata a su manera lo que sucedió con la inundación y cómo quedaron afectados. La pérdida es el elemento que insiste con sus distintas presentaciones: las ideas que no están, el ropero vacío, el barro junto a lo que no puede verse.

También presentan una intervención con un jardín de nivel inicial funciona como una orientación para poder responder no a los “niños de la catástrofe” sino en forma particularizada.

Y, por último, resulta particularmente interesante la intervención en un centro de jubilados. La desorientación predomina y todas las mujeres terminan golpeadas puesto que no reconocen los lugares. Aquello que perdieron es imposible de recuperar puesto que son los objetos que atesoran el pasado y los recuerdos. Desde su edad de la vida han perdido parte de su historia vertidas en los pequeños objetos que se vuelven su depositario. Y, junto a ello, su orientación vacila.

Por último están los dispositivos de urgencia que dan cuenta de dos casos. En el primero la inundación resuena en la posibilidad de la muerte a través del suicidio de un amigo del hijo. En el segundo caso el significante que resuena es el del rescate que se enlaza a su historia. Cada uno de ellos es desarrollado en la singularidad de su historia.

El psicoanálisis no puede quedar ajeno a volverse “analista ciudadano”, expresión de Eric Laurent retomada en esta presentación, cuando las circunstancias lo requieren. Sus intervenciones en el medio social son muchas veces necesarias para restituir el lazo que se quiebra ante lo real. Recibir esa palabra que surge del sufriente, lograr un bien decir que aloje el desamparo, sin duda no alcanza, pero en muchos casos, es suficiente para que la vida interrumpida por inesperados designios siga su curso.

Para concluir, en nombre del Consejo de la EOL quiero felicitar a nuestros colegas de la Antena EOL-Bahia Blanca, como así también a los profesionales que se involucraron en estos dispositivos de atención, por su muestra de solidaridad inmediata al ofrecer su trabajo y su tiempo en estas tareas. Muchas gracias.

Bahia Blanca, octubre 2025

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